Nuestras raíces en lo profundo de la belleza de nuestra propia existencia

Las artesanías y la tradición ancestral no estuvieron siempre en mi corazón. Iban y venían según el tiempo que mi madre le dedicara a la planeación de las salidas familiares y a pueblear, supongo que fue con la danza folklórica donde el amor surgió. A mi madre le gustaba bailar y a mi, me embelesaban esos vestidazos (cuyo valor y contexto ignoraba del todo). Maravillosos como eran, yo no los usaba porque me hubiera quedado grande el disfraz, para mi solo eran bellos vestuarios y ya.
Nos hemos tardado (como sociedad) en reconocer el valor de la cultura y más aún, hemos demorado lo indecible en apropiárnosla. El folklore y tradiciones prevalecen, avanzan y se modifican en tanto se las observe, aprecien y encarnen.

La tradición ha de vestirse con orgullo sin temor a descontextualizarla, pues no existe un "bien vestir o mal vestir" la cultura cuando es preciso darle vida, incluyéndola en nuestro día a día, no para “rescatar” tradiciones, sino para que exista un legado e identidad de la cual podamos, como sociedad, sentirnos orgullosos, observando nuestras raíces en lo profundo de la belleza de nuestra propia existencia.
Tannia Vázquez, Entretejiendo Voces

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